domingo, 13 de diciembre de 2020

La ley de Service

 




La ley de Service


"La ley de Service sostiene que la evolución cultural se abre paso con mayor probabilidad en la periferia que en el centro de una civilización. La historia es una carrera de relevos: un grupo central lleva el testigo de la civilización hasta un cierto puntos y entonces lo entrega a un grupo periférico, que se convierte durante un tiempo en central. El último se transforma en primero, el primero en último, mientras la historia marcha en un zigzag geográfico".


Fragmento de Método de J.L Peacock

Fotografia de Elman Service sacada de Wikipedia


domingo, 15 de noviembre de 2020

La tolerancia


La tolerancia 



"Una revisión a fondo de la tolerancia y sus implicaciones [...] resulta más fácil de invocar cuando las apuestas son bajas que cuando las diferencias culturales amenazan de forma seria poderosos intereses; un punto que [Jared] Diamond subrayó hace tiempo cuando apostillaba que el relativismo de los años setenta se hallaba "de acuerdo con el espíritu de los tiempos: una perspectiva amable en una civilización imperial convencida de su poder". Hoy en día, nuestra no menos imperial civilización se muestra más insegura en cuanto al grado de diferencia acomodable al interior de sus propias fronteras, o en los mercados globales vitales para el mantenimiento de su prosperidad. Esa inseguridad garantiza que tanto el alcance como los límites de la tolerancia continuarán siendo objeto de polémica".


Texto extraído de 'Relativismo cultural 2.0' de Michael F. Brown.

Fotografía: La Vanguardia

 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

La espera en el mercado


La espera en el mercado



Dejo atrás el silencio de la mañana en casa. Las puertas de los cuartos, cerradas. La cocina, desordenada, vacía. El bullicio que reina en La Pequeña Lonja es el de la normalidad de la vida. Las amas de casa, de quienes no conozco el nombre ni las casas donde viven ni las familias a las que pertenecen, tenderos, a quienes las amas de casa llaman por sus nombres, y todos esos personajes que llevan y traen las mercancías que se exponen y venden, forman la corriente de la normalidad, de la vida que se inicia cada mañana. Las mujeres esperan su turno para hacer los pedidos a los tenderos con extraordinaria paciencia. Entre tanto, desgranan secuencias de sus vidas, hablan de sus maridos, de sus hijos, de sus cuñados y de sus suegras. De enfermedades, de muertes. Se diría que todo el mundo está enfermo. Los que no están muertos.

¿Es esto la vida?, ¿esta sarta de quejas y lamentaciones enunciada de forma cantarina, con cierta distancia, incluso indiferencia, como si no acabara de tomarse del todo en serio, como si sólo se dijera porque se tiene que decir? No era eso lo que de verdad parecía importarles a esas mujeres, sino aprovechar bien su turno, pedir lo que necesitaban con toda calma y todo detalle, que no se les colara nadie. Aprovisionarse. Luego veías a estas mujeres por la calle, ya cargadas de bolsas, camino de sus casas, y parecían cansadas, como si todas las tareas que les quedaban por hacer las fatigaran de antemano. En el mercado, la vida cotidiana alcanzaba una especie de cumbre. Los gritos, quejas y risas adquirían un significado que las sobrepasaba a todas. Quizás acudían al mercado con este fin, para palpar, más bien que intuir, para vislumbrar, eso intangible que las sobrepasaba.

Empecé a conocer un poco a esas mujeres. De vista y de oírlas hablar. Algunas veces, se dirigían a mí como si yo fuera una de ellas. Empecé a conocer sus nombres, a hacerles el pequeño favor de guardarles la vez en un puesto mientras ellas se iban a otro para ganar tiempo, porque siempre querían ganar tiempo, aunque no hacían otra cosa que perderlo, demorándose aquí y allá con cualquier excusa.


Fragmento del libro Cielo Nocturno de Soledad Puértolas


domingo, 4 de octubre de 2020

Frecuencia: Manel


Manel - Captatio Benecolentiae

Provem d'encaixar en escenes boniques,

en ports de diumenge farcits de gavines,
en grans sobretaules on els avis canten,
en nits vora el foc abraçats a una manta.
Es tracta de ser els simpàtics del barri,
els que ballen i ballen fins que els músics parin
i irrompre arrogants lluint les millors gales
en discos amb dones amb feines estables.
I, a vegades, ens en sortim.
I, a vegades, ens en sortim.
I, a vegades, una tonteria de sobte ens indica que ens en sortim.
I, a vegades, una carambola de sobte ens demostra que ens en sortim.
Busquem quedar bé en el retaule magnífic
dels que van pel món amb posat monolític
i afronten la vida mirant-la a la cara
i un dia, contents, compren flors a sa mare.
Intentem trampejar per ser persones dignes,
el pare modèlic que volen les filles,
el de la veu greu, el de la mà forta,
que paga un vermut i que arregla una porta.
I després tancar els ulls i sentir el món en calma
i dos ocellets fent piu-piu dalt d'un arbre
havent enllestit un gran epitafi
que arranqui somriures a tots els que passin.
I, a vegades, ens en sortim.
I, a vegades, ens en sortim.
I, a vegades, una tonteria 
de sobte ens indica que ens en sortim.
I, a vegades, una carambola de sobte 
ens demostra que ens en sortim.
I, a vegades, ens en sortim.
I, a vegades, ens en sortim.
I, a vegades, una tonteria de sobte 
ens indica que ens en sortim.
I, a vegades, se'ns baixa la verge 
i de sobte ens revela que ens en sortim.
I, a vegades, contra tot pronòstic 
una gran bestiesa capgira allò que crèiem lògic,
tot fent evident,
que per un moment,
ens en sortim.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Milenios de misoginia




"Cuando el terror de los espectadores amainó, los auténticos artistas salieron a escena. Unos cuantos bailarines deslumbraron a propios y extraños. Sin embargo, todo el mundo esperaba las bailarinas.

Es una generalización: a igual talento, una artista siempre despierta más expectativas que su equivalente masculino. Esta ley, sin embargo, no impide que luego se desencadenen las distorsiones a las que milenios de misoginia nos han acostumbrado. Pero no podemos hacer nada contra esta primera circunstancia. "


Fragmento de Matar al padre de Amélie Nothomb

martes, 4 de agosto de 2020

Se puede parar al viento que agita la cebada

¿Se puede parar al viento que agita la cebada?




Hace poco pude disfrutar del visionado de El viento que agita la cebada, una película de 2006 dirigida por el director británico Ken Loach, autor de obras como Yo, Daniel Blake o Tierra y Libertad (películas altamente aconsejables). El film protagonizado por Cillian Murphy (Peaky Blanders) está ambientado en la Irlanda de los años 20’ del siglo XX. 

Los irlandeses e irlandesas durante siglos habían sido vasallos de la Corona Británica pero hacia el siglo XIX comenzarón las primeras revoluciones. Pero, no sería hasta el fin de la Gran Guerra cuando hubo un movimiento bélico con capacidad suficiente para hacer frente a los ingleses. Más que una guerra era una insurrección de guerrillas a lo largo de la isla. Es en este contexto donde empieza la historia de Loach. 

El 6 de diciembre de 1921 se llega a la firma del Tratado anglo-irlandés que avanza en las libertades y derechos de los segundos pero siguen bajo el amparo de la Corona. Esto provoca una división entre los propios irlandeses que durante años habían batallado juntos contra el dominio inglés. Lo interesante de El viento que agita la cebada es que ambas posturas del bando irlandés son totalmente comprensibles y uno se pregunta ¿fue inevitable la propia Guerra Civil a la que condujo la firma del Tratado? 

Los ideales comunales delante del yo, la pertenencia al grupo por encima de la persona. Una concepción que, pasados cien años, sigue a debate, aunque cada vez se vislumbra más que ningún ideal colectivo está por encima de un derecho individual. Abran juego.

sábado, 13 de junio de 2020

Peaje obligado: HVOB

Peaje obligado: HVOB


Nací a finales de los 80', una generación que, musicalmente hablando, se encontraba a caballo del final del reinado del Rock y el inicio de la música electrónica. Lo que se llama la generación milenial Y.

En los 2000, mientras el hip hop se expandía como la espuma en el movimiento underground más juvenil, el rock indie llegaba a la cima. Herederos del garaje, el punk y el grunge, grupos como The Strokes, The Hives, Oasis, Muse, etc, los grupos indie arrasaban las cartelerías de los grandes festivales musicales.

Como animal social y contemporáneo he disfrutado junto con mis cogeneracionarios aquellos música que rápidamente se expandió por todo el mundo, dando ricos subgéneros del propio subgénero musical.

Pero estos últimos años he estado empezando a enriquecerme con otras influencias musicales, más allá del pop-rock. Disco, samba, fado, rumba, flamenco, folck, tango y un sin fin de estilos han inundado mis orejas de  para mí  nuevos y ricos ritmos. El paso del precariado que se descarga discos de emule o bitTorrent al acomodado con Spotify premium también ha sido importante.

Aunque de lo que vengo a hablar en esta entrada es de la música electro. Es evidente que este estilo es tan amplio y profundo como el propio jazz, rock o pop, pero lo que le hace genuino ahora mismo es que es vanguardia a nivel musical. Desde cualquier parte del planeta hay gente creando cosas nuevas. Y ahora el electro tiene una entidad que se puede mezclar con otros estilos haciendo simbiosis exquisitas.

Todo este preludio es para hablaros del grupo HVOB. Al igual que pasa siempre en cada generación musical hay discos que marcan un antes y un después, referentes para otros tantos artistas.

En el electro vertiente indie una parada obligatoria es The XX, para mí uno de los más valientes y revolucionarios. Una delicia con tres discos para quitarse el sombrero: XX, Coexist y I See You.

Hace poco empecé a encandilarme por el grupo austríaco HVOB. En concreto con su disco Rocco, que me parece una soberana obra de arte. La combinación de los bajos más duros con una melódica y sinuosa voz es maravillosa. Un deleite auditivo. Como siempre prefiero no enrollarme más y dejar que cada uno lo disfrute sin demasiado envoltorio de regalo.

El video grabado para Cercle (importante seguir este canal en Youtube) es orgásmico.





sábado, 30 de mayo de 2020

El tiempo de la droga






"Tenía una sonrisa de sorna que utilizaba como puntuación. Una especie de disculpa por el mero hecho de ponerse a hablar en el mundo telepático del adicto donde sólo el factor cantidad -¿Cuántos dólares? ¿Cuánta droga?- requiere expresión. Él sabía, y yo también, todo lo que se puede saber de la espera. El negocio de la droga funciona sin horario, y eso en todos los planos. Nadie llega a tiempo a no ser por casualidad. El adicto vive el tiempodroga. Su cuerpo es el reloj y la droga corre a través de él como en un reloj de arena. El tiempo tiene sentido para él sólo en relación con su necesidad. Entonces, irrumpe bruscamente en el tiempo de los otros y, como todos los desplazados, los viajantes, debe esperar, a no ser que se enrede en el tiempo de no-droga."


Fragmento de El almuerzo desnudo de William S. Burroughs

domingo, 10 de mayo de 2020

Amanecer













Créeme, estoy en el centro de mi habitación
esperando que llueva. Estoy solo. No me importa
terminar o no mi poema. Espero la lluvia,
tomando café y mirando por la ventana un bello paisaje
de patios interiores, con ropas colgadas y quietas,
silenciosas ropas de mármol en la ciudad, donde no existe
el viento y a lo lejos sólo se escucha el zumbido
de una televisión en colores, observada por una familia
que también, a esta hora, toma café reunida alrededor
de una mesa: créeme: las mesas de plástico amarillo
se desdoblan hasta la línea del horizonte y más allá:
hacia los suburbios donde construyen edificios
de departamentos, y un muchacho de 16 sentado sobre
ladrillos rojos contempla el movimiento de las máquinas.
El cielo en la hora del muchacho es un enorme
tornillo hueco con el que la brisa juega. Y el muchacho
juega con ideas. Con ideas y escenas detenidas.
La inmovilidad es una neblina transparente y dura
que sale de sus ojos.
Créeme: no es el amor el que va a venir,
sino la belleza con su estola de albas muertas.


Amanecer de Roberto Bolaño

lunes, 4 de mayo de 2020

La pertenencia




"La gente suele tender a reconocerse en la pertenencia que es más atacada; a veces, cuando no se sienten con fuerza para defenderla, la disimulan, y entonces se queda en el fondo de la persona, agazapada en la sombra, esperando el momento de la revancha; pero, asumida u oculta, proclamada con discreción o con estrépito, es con ella con la que se identifican. Esa pertenencia -a una raza, a una religión, a una lengua, a una clase...- invade entonces la identidad entera. Los que la comparten se sienten solidarios, se agrupan, se movilizan, se dan ánimos entre sí, arremeten contra "los de enfrente". Para ellos, "afirmar su identidad" pasa a ser inevitablemente un acto de valor, un acto liberador...".


Fragmento del libro Identidades asesinas de Amin Maalouf