Una novela atemporal: Las uvas de la ira
Hace poco tuve el placer de terminar el libro Las uvas de la ira de de John Steinback, escrito en 1939. Recordaba vagamente la historia porque hará unos diez años ya vi la magnífica versión cinematográfica que hizo John Ford, un año después de su publicación.
Si has visto la película y te gustó, te recomiendo encarecidamente que leas el libro, ya que lo supera con creces y profundiza en los personajes. Leí las 600 páginas en menos de una semana, y las últimas 300 en un día, porque realmente es hipnotizador. El argumento principal es el drama universal de la migración. En este caso lo sitúa en Estados Unidos, donde la familia Joad de Oklahoma, debe buscarse la vida en el oeste (California) para sobrevivir, ya que sus oficios de agricultores han quedado desfasados con la llegada del tractor al campo.
Estos dos elementos: la migración forzosa y las nuevas tecnologías, son el eje fundamental de la trama, dos conceptos muy actuales y familiares para nosotros. Es curioso, desde una perspectiva histórica, ver como una familia blanca del interior de los Estados Unidos, son continuamente repudiados y vilipendiados por sus congéneres. Tal vez, debería ser el libro de obligatoria lectura en esos territorios trumpistas.
La angustia es continua y la sensación de estar al límite, se transforma en la virtud de los protagonistas, que lejos de ser un prototipo de superhéroe, se dignifican en su miseria. La familia se vuelve un bien fundamental, al igual que la solidaridad y el compañerismo, un libro completamente atípico para su época, vaya un oopart.
Si bien la novela se enmarca dentro de la literatura clásica norteamericana, que sigue bebiendo del destino manifiesto anglosajón, se deja llevar con la fluidez de un roadboak. Los lectores hispánicos siempre vivimos el patetismo de otra forma, pero en este caso es fácil conectar con la realidad descrita.
En definitiva, gran obra maestra de obligatoria lectura.
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