sábado, 30 de mayo de 2020

El tiempo de la droga






"Tenía una sonrisa de sorna que utilizaba como puntuación. Una especie de disculpa por el mero hecho de ponerse a hablar en el mundo telepático del adicto donde sólo el factor cantidad -¿Cuántos dólares? ¿Cuánta droga?- requiere expresión. Él sabía, y yo también, todo lo que se puede saber de la espera. El negocio de la droga funciona sin horario, y eso en todos los planos. Nadie llega a tiempo a no ser por casualidad. El adicto vive el tiempodroga. Su cuerpo es el reloj y la droga corre a través de él como en un reloj de arena. El tiempo tiene sentido para él sólo en relación con su necesidad. Entonces, irrumpe bruscamente en el tiempo de los otros y, como todos los desplazados, los viajantes, debe esperar, a no ser que se enrede en el tiempo de no-droga."


Fragmento de El almuerzo desnudo de William S. Burroughs

domingo, 10 de mayo de 2020

Amanecer













Créeme, estoy en el centro de mi habitación
esperando que llueva. Estoy solo. No me importa
terminar o no mi poema. Espero la lluvia,
tomando café y mirando por la ventana un bello paisaje
de patios interiores, con ropas colgadas y quietas,
silenciosas ropas de mármol en la ciudad, donde no existe
el viento y a lo lejos sólo se escucha el zumbido
de una televisión en colores, observada por una familia
que también, a esta hora, toma café reunida alrededor
de una mesa: créeme: las mesas de plástico amarillo
se desdoblan hasta la línea del horizonte y más allá:
hacia los suburbios donde construyen edificios
de departamentos, y un muchacho de 16 sentado sobre
ladrillos rojos contempla el movimiento de las máquinas.
El cielo en la hora del muchacho es un enorme
tornillo hueco con el que la brisa juega. Y el muchacho
juega con ideas. Con ideas y escenas detenidas.
La inmovilidad es una neblina transparente y dura
que sale de sus ojos.
Créeme: no es el amor el que va a venir,
sino la belleza con su estola de albas muertas.


Amanecer de Roberto Bolaño

lunes, 4 de mayo de 2020

La pertenencia




"La gente suele tender a reconocerse en la pertenencia que es más atacada; a veces, cuando no se sienten con fuerza para defenderla, la disimulan, y entonces se queda en el fondo de la persona, agazapada en la sombra, esperando el momento de la revancha; pero, asumida u oculta, proclamada con discreción o con estrépito, es con ella con la que se identifican. Esa pertenencia -a una raza, a una religión, a una lengua, a una clase...- invade entonces la identidad entera. Los que la comparten se sienten solidarios, se agrupan, se movilizan, se dan ánimos entre sí, arremeten contra "los de enfrente". Para ellos, "afirmar su identidad" pasa a ser inevitablemente un acto de valor, un acto liberador...".


Fragmento del libro Identidades asesinas de Amin Maalouf









lunes, 13 de abril de 2020

La magia del momento, Lucía Berlín

La magia del momento



Esta semana he terminado de leer el inigualable libro 'Manual para mujeres de la limpieza' de Lucía Berlín.

He tenido la suerte de poder saborearlo a pequeños bocados, pensando con tiempo cada pequeño relato de la obra. Cada historia, con un tinte autobiográfico excelso, nos meten de lleno en los sucesos que transcurren. Narrados en primera persona, provoca una identificación instantánea entre autora-lector.

Sí, es cierto, es uno de los mejores libro del siglo XXI. Una lástima que la autora no haya podido disfrutar del éxito del mismo, más que por la fama, por el reconocimiento.

Berlín manifestó su maestría en relato breve, un género complejo donde los haya y que puede ser tedioso. Las historias recopiladas, al tener una carga familiar tan fuerte con la de la autora, desencadena en una visión panorámica de todas ellas. Éste es sin duda el éxito del libro el cual se hace ameno y entretenido.

Obra 100% recomendada. 

sábado, 4 de abril de 2020

Frecuencia: Yawners

Yawners: La escalera





No sabía que tenías
Un poder extraordinario
Para teletransportarme
Hasta finales de mayo
Y no bajes al altar
Sin pisar el cementerio
Una partida al Catan
Ya recogeremos luego
Creo que te llama tu madre
Por el hueco de la escalera
Creo que está gritando tu nombre
Por el hueco de la escalera

domingo, 22 de marzo de 2020

A la sombra del Coloso

A la sombra del Coloso





Creo que en este blog poco he hablado de videojuegos, el octavo arte. Es raro ya que he jugado a los mismos desde los 10 años. Bien es cierto que en los últimos años por motivos laborales y sociales no he tenido tanto tiempo como cuando era adolescente y las horas de juego en consola o PC se han limitado a 2 o 3 por semana. Tener poco tiempo ha provocado que la selección del vicio fuese más que necesaria, con lo cual tenía que pensar bien en qué gastar esas horas.

Uno de los juegos pendientes, desde hace 10 años, era la obra de Fumito Ueda: Shadow of the Colossus. Éste japonés está convirtiéndose en el Akira Kurosawa del mundo gamer. Sus trabajos están muy mimados, muy detallados, muy logrados. La historia pasa a ser un complemento más de la obra y no el eje principal, al igual que la jugabilidad. En sus juegos el conjunto es lo importante: fotografía, desarrollo argumental, música, ambientación y trasfondo. Esto provoca que sean obras maestras, ya que todo está en armonía.



Shadow of the Colossus tiene una profundidad espiritual rara avis en el universo gamer. No es un juego largo, lo cual a estas alturas de la vida se agradece, pero sí que requiere parar constantemente para disfrutar, admirar y reflexionar. La historia va sobre un chico llamado Wander (vagabundo) que quiere revivir a una chica llamada Mono. Para hacerlo, el joven guerrero hace un pacto con una entidad ancestral acordando de que si quiere resucitarla debe destruir 16 colosos. ¿Fácil? Parece hasta infantil, pero la trama poco a poco se enreda y lo que parece evidente se convierte en complejo y misterioso. Pero, no voy a hacer spoilers.

En definitiva, tras haber jugado a muchos videojuegos puedo decir, sin miedo, que la obra de Ueda es de obligado paso para cualquier fan del octavo arte.





PD: Hay un coloso inspirado en la obra 'El Coloso' de Francisco Goya. Casi se me caen las lágrimas.

sábado, 15 de febrero de 2020

Éramos auténticas mierdas sin disfraz alguno



“Él estaba borracho, yo ciego, aunque tratamos de ser amables. Yo estaba hundido, pero estábamos listos para cambiar. Seamos francos, era un bluff y la vida surrealista no era fácil. Yo era una piltrafa y mentimos para nuestra gran sorpresa. 

Toda la mierda que hicimos nos hizo ganar pasta, supongo. Y aquellos repelentes mocosos fueron un absoluto éxito. Nos ayudaron a conquistarlo y a aprender en este infierno. 

La vida nos enseña que no debemos pasarnos de listos, admitamos que nuestros errores desencadenaron nuestra ruptura, éramos auténticas mierdas sin disfraz alguno, lo que no es una sorpresa. 

Tratamos de permanecer jóvenes,y pudimos con las notas altas. Hemos sido marcados y valorados como puedes ver nuestros ojos. No quiero pasarme de listo, pero lo hicimos”.


The Who - I don't wanna get wise

lunes, 3 de febrero de 2020

El Quijote de Nebraska



El Quijote de Nebraska


En 2013 salió en las grandes pantallas una película que estaba destinada a no ser un blockbuster. Un largometrajes sin ínfulas de nada. Su objetivo era poco más que contar una historia sin rodeos: un viejo chocho, de mirada perdida y obstinado, cree que le ha tocado un premio que a cualquiera le sonaría a estafa. Punto. Su hijo, por petición de su madre se ve obligado a hacerle volver a sus cabales. Punto.

Es una Road Movie, sí, otra road movie. Es en blanco y negro, sí, otra película en blanco y negro. Pero ¿qué tiene de diferente Nebraska? Sin duda su transparencia, su crudeza y su exposición a la máxima de 'esto es lo que hay'.

Dice el famoso crítico de cine Carlos Boyero que descubriremos todo lo bueno de Nebraska en la segunda visión. Así es. El paralelismo con el Quijote es abrumador. En una tierra deprimida de hidalgos americanos, de conformismo y patetismo, un viejo es capaz de mantener una estúpida vela de ilusión. 

¿Es una película postmoderna? Seguramente. ¿Es una película real? Como la vida misma.


domingo, 1 de diciembre de 2019

Sabían quién era el padre


Fragmento de En el camino de Jack Kerouac:

"Cogí el volante y entregado a mis propias fantasías, conduje a través de Linares, a través de la cálida y llana zona pantanosa, por encima del humeante río Soto, la Marina, cerca de Hidalgo, y más allá. Un gran valle que era una verde jungla con grandes zonas cultivadas, también muy verdes, se abría ante mí. Grupos de hombres nos miraron al pasar por un estrecho y antiguo puente. Fluía un río ardiente. Después ascendimos hasta que reapareció una especie de región desértica. Delante estaba la ciudad de Gregoria. Los otros dos dormían y yo seguía solo al volante con mi eternidad a cuestas. La carretera era una larga línea recta. No era como conducir a través de Carolina, Texas, Arizona o Illinois; era como conducir a través del mundo por lugares donde por fin aprenderíamos a conocernos entre los indios del mundo, esa raza esencial básica de la humanidad primitiva y doliente que se extiende a lo largo del vientre ecuatorial del planeta desde Malaya (esa larga uña de China) hasta el gran subcontinente de la India, hasta Arabia, hasta Marruecos, hasta estos mismos desiertos y selvas de México y sobre los mares hasta Polinesia, hasta el místico Siam del Manto Amarillo y así, dando vueltas y vueltas, se oye el mismo lamento junto a las destrozadas murallas de Cádiz, España, que se oye 20.000 kilómetros más allá en las profundidades de Benares, la capital del mundo. Estos individuos eran indudablemente indios y en nada se parecían a los Pedros y Panchos del estúpido saber popular americano… tenían pómulos salientes y ojos oblicuos y gestos delicados; no eran idiotas, no eran payasos; eran indios solemnes y graves, eran el origen de la humanidad, sus padres. Las olas son chinas, pero la tierra es asunto indio. Tan esenciales como las rocas del desierto son ellos en el desierto de la «historia». Y lo sabían cuando pasábamos por allí; unos americanos que se daban importancia y tenían dinero e iban a divertirse a su país; sabían quién era el padre y quién era el hijo de la antigua vida de la tierra y no hacían ningún comentario. Porque cuando llegue la destrucción al mundo de la «historia» y el apocalipsis vuelva una vez más como tantas veces antes, ellos seguirán mirando con los mismos ojos desde las cuevas de México, desde las cuevas de Bali, donde empezó todo y donde Adán fue engañado y aprendió a conocer. Estos eran mis pensamientos mientras conducía el coche hacia la tórrida ciudad de Gregoria, abrasada por el sol."

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El Planeta de los Veganos



Si algo tiene de bueno ver las películas que han cumplido los 50 años de historia es que las puedes sacar de contexto y te pueden servir para hacer tu propia lectura interesada.

En 1968, cuando se estrenó 'El planeta de los simios', el movimiento por la libertad animal era minúsculo. Seguramente cuando Schaffner dirigió el largometraje no pensó en hacer hacer un manifiesto visual contra el maltrato animal. Pero cinco décadas después, una revisión más profunda pudiera dar fe de ello.

'El Planeta de los simios' narra la aventura de tres torpes astronautas norteamericanos que tras una misión espacial fallida vuelven a la Tierra, aunque ellos no lo saben y se piensan que están otro planeta. Cuando aterrizan ya han pasado más de 2000 años desde que despegaron (ya sabéis que los viajes espaciales son largos y entra sueño). El planeta en el que se encuentran está gobernado por simios, o mejor dicho por una evolución de los mismos (pista: ver 'El Origen del Planeta de los Simios' (Wyatt/2011)).

Ahora viene lo bueno, los simios tratan a los humanos como los humanos trataban a los animales, ya que según ellos no tienen capacidad de razonar. Por eso, cuando los simios se encuentran los tres astronautas los tratan como al resto de humanos: los matan, les hacen pruebas médicas de dudosa moralidad o los estudian. Charlton Heston, el más perspicaz y guapo de los tres, se rebela y comienza una lucha por liberarse de la tiranía simia. 

Los simios piensan que los humanos no se pueden domesticar y que hay que controlarlos a nivel demográfico, por eso los capturan y matan. Heston rompe los esquemas al ser capaz de hablar y comunicarse, esto hace que muchos simios entren en duda. Pero uno de ellos, el profesor Zaius (una versión de Dr. Mengele peluda), sabe que realmente los humanos pueden pensar por ellos mismos, pero que son malvados y que destruyeron su mundo, por eso hay que controlarlos. 

Heston, como buen héroe americano, escapa, fusila a unos cuantos simios y se marcha con la humana más guapa que encuentra. Pero al irse se da cuenta que el cabrón del profesor Zaius tenía razón. Los humanos no se dejaron aconsejar por la sueca Greta Thunberg y destrozaron el mundo. Puta vida.

La película está chevere, pero el trasfondo si lo ves desde una óptica animalista va como anillo al dedo. Los simios se comportan con los humanos igual que los humanos nos comportamos ahora con ellos. Sin derecho a nada, ni tan siquiera a vivir si procede. Control demográfico de las especies, ensayos clínicos aberrantes y pérdida de identidad, ¿os suena?

En fin, 50 años después 'El Planeta de los simios' sí puede ser un manifiesto contra el maltrato animal.